Rhodiola rosea: evidencia actual sobre su papel en estrés y fatiga
El estrés crónico y la fatiga mental y física son motivos frecuentes de consulta en la práctica clínica actual. En este escenario, ha aumentado el interés por compuestos de origen natural con posible efecto modulador de la respuesta al estrés, entre ellos los denominados adaptógenos. Rhodiola rosea es uno de los más estudiados, aunque su papel clínico continúa en estudio.
Evidencia disponible y mecanismos propuestos
Rhodiola rosea es una planta originaria de regiones frías de Europa y Asia, utilizada tradicionalmente para mejorar la resistencia física y mental. Sus principales compuestos bioactivos, las rosavinas y el salidrosido, se han asociado con la modulación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, la regulación de cortisol y la influencia sobre neurotransmisores implicados en la respuesta al estrés, como serotonina y dopamina.
Desde el punto de vista clínico, diversos ensayos controlados y revisiones sistemáticas sugieren que extractos estandarizados de Rhodiola rosea pueden reducir la fatiga relacionada con estrés y mejorar el rendimiento mental, particularmente en contextos de alta demanda cognitiva o emocional. Algunos estudios describen mejoras modestas en atención, concentración y percepción de agotamiento tras periodos cortos de suplementación.
En el ámbito del rendimiento físico, los resultados son menos consistentes. Aunque se han reportado beneficios discretos en la percepción del esfuerzo y la resistencia, la magnitud del efecto es limitada y dependiente de la población estudiada y del diseño del ensayo.
Implicaciones para la práctica clínica
En la práctica clínica, Rhodiola rosea puede considerarse como un coadyuvante dentro de un abordaje integral del estrés y la fatiga, siempre con expectativas realistas y sin sustituir intervenciones médicas o psicológicas establecidas. Su perfil de seguridad es generalmente favorable, con efectos adversos leves y poco frecuentes; no obstante, se recomienda precaución en pacientes con trastornos del estado de ánimo o bajo tratamiento farmacológico concomitante.
Aunque la evidencia sugiere un beneficio potencial modesto, se requieren ensayos clínicos de mayor calidad y mejor estandarización para definir con mayor precisión su papel terapéutico y sus indicaciones específicas.
Referencias
- Amsterdam, J. D., & Panossian, A. G. (2016). Rhodiola rosea L. as a putative botanical antidepressant. Phytomedicine, 23(7), 770–783.
- European Food Safety Authority. (2012). Scientific opinion on the substantiation of health claims related to Rhodiola rosea. EFSA Journal, 10(8), 2805.
- Olsson, E. M. G., von Schéele, B., Panossian, A. G. (2009). A randomized, double-blind, placebo-controlled study of Rhodiola rosea in subjects with stress-related fatigue. Planta Medica, 75(2), 105–112.
- Panossian, A., & Wikman, G. (2010). Effects of adaptogens on the central nervous system and the molecular mechanisms associated with their stress-protective activity. Pharmaceuticals, 3(1), 188–224.
- Shafagh, R., et al. (2022). Effects of Rhodiola rosea supplementation on mental and physical fatigue: A systematic review. Nutrients, 14(10), 2042.
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